Tríos. Orgías. Intercambios de pareja. El ambiente liberal aparece al caer la noche envuelto en un aura de secretismo. Como decía Woody Allen, «el sexo entre dos es hermoso, pero entre cinco es fantástico»
Hay clubs en los que al atravesar una cortina roja se abre un mundo nuevo, secreto y diferente al del exterior. Donde las parejas pueden asistir a sus citas con el juego, el deseo y la atracción
y donde solo hay dos reglas: solo existe intercambio si los dos quieren y deben permanecer siempre en contacto. Si en algún momento alguno no se encuentra cómodo, se detiene el proceso.
Uno no puede sufrir por el disfrute del otro. «Es vital que la pareja
entre por la puerta con un acuerdo de mínimos, sabiendo lo que están
dispuestos a hacer y lo que no».
Mi relación se basa en el respeto, un aspecto «esencial» en
este tipo de parejas. Puedo asegurar que mi matrimonio se ha visto
fortalecido desde que nos convirtieron en swingers.
«Teníamos curiosidad por cómo sería el ambiente, nos atraía la idea y
decidimos probar», cuenta Ana, que ha visto cumplidos algunos de sus
sueños más ocultos. «A veces te obsesionas con una persona, pero si te
la encuentras aquí, realizas el deseo y la fantasía desaparece».
A mi me interesa más la parte social del ambiente. «Nos
gusta el sexo, pero no somos animales». Me excita el juego,
el tonteo, el ligue que podrían encontrar en cualquier discoteca si
estuviesen solteros. Pero no es así; están casados y de cortinas para
fuera nadie entiende su forma de vida. Por eso la guardan en secreto. Lo
que ocurre tras la cortina, tras la cortina se queda.
Yo por mi forma de vida y trabajo me considero adictos al sexo. Acudo de forma habitual a
locales liberales, donde les gusta practicar sexo en grupo. Alrededor de
una piscina –o dentro en ocasiones– se juntan dos parejas. O tres. O
cuatro. Todo forma parte del juego y una simple caricia permite la
entrada en la fiesta.
Si quereis comenzar, cada vez son
más numerosas las páginas que ponen en contacto a parejas de swingers a
través de internet y que contrastan con el ambiente de los locales. «Nos
daba un poco de vergüenza ir a una sala liberal y preferimos la
intimidad de nuestra casa», cuenta Sofía. Sin embargo, no es algo que
recomienden los más experimentados, ya que no es «del todo seguro». «En
los locales te sientes protegido en todo momento, pero en casa existe un
mínimo peligro. Al fin y al cabo, no sabes con quién te puedes
encontrar».
MÁS DE 100 LOCALES EN ESPAÑA
El mundo swinger se instaló en España a finales de los 80,
cuando Trama abrió sus puertas en Madrid. 25 años más tarde, hay seis
locales en la capital y poco más de cien en España. Trama ya ha echado
el cierre y sus dueños se han retirado, pero sus hijos se han encargado
de seguir con el negocio familiar situar otro local como la referencia
del ambiente madrileño.
Los swingers, sin embargo, no son un invento actual. En la
antigua Grecia, las fiestas y las comedias celebradas en honor al dios
Dionisos se caracterizaban por el erotismo. Las orgías se desarrollaban
en la noche del solsticio de invierno, en la que hombres y mujeres se
disfrazaban de sátiros y ninfas. En ellas, «más de uno se atrevía a
indagar en inéditos caminos de la sexualidad que en circunstancias
normales nunca hubiera soñado recorrer», como asegura el escritor Juan
Eslava en su obra Amor y sexo en la Antigua Grecia. Todo por la
diversión.
NO DEBE SER UN TABÚ
Los sexólogos avalan este tipo de prácticas, especialmente
en matrimonios que han perdido la fogosidad del inicio de la relación.
«Es una opción. La mayoría no la elige, solo lo hace entre un tres y un
cinco por ciento de las parejas, pero todas tienen esa posibilidad»,
señala Miguel Ángel Cueto, secretario general de la Federación Española
de Sociedades de Sexología.
Se trata de una opción que Laura tiene en la cabeza desde
hace unos meses. Tiene 47 años y su terapeuta se lo recomendó al
contarle que tenía problemas en la cama con su marido. Aún no se ha
atrevido porque cree que es una decisión que no se debe «tomar a la
ligera» y que debe ser «consensuada por la pareja», algo que confirma
Cueto. «Los dos deben ser maduros y tener mucho cuidado con los
elementos que matan la relación: los celos y la culpa», indica el
sexólogo antes de rechazar todos los tabúes que rodean al entorno
swinger. «No se acaba de entender culturalmente que haya una pareja de
tipo abierta, pero el sexo nunca se debe considerar como algo
prohibido». Ya lo dijo Woody Allen, «existen dos cosas importantes en la
vida: una es el sexo y de la otra no me acuerdo».







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